Después de una larga temporada sin ponerme un dorsal para competir, me convencí de no demorar más el momento y me apunté a Ripollet. Al menos sabía lo que me esperaba, ya que volvía a una vieja conocida en la que participé por primera vez hace ya casi 10 años en una de mis primeras experiencias en un 10K… por entonces todavía era gratuita y hasta daban bocadillo!

Tan pronto aparqué cerca del pabellón donde se recogían los dorsales comenzó a llover, toda ayuda era de agradecer, y un poquito de lluvia y el cielo encapotado me parecía un buen escenario para correr en Agosto. Tras recoger el dorsal y cambiarme, comencé a identificar compis del club… se agradece volver a ver caras conocidas después de un tiempo apartado de los domingos de madrugón. La única lástima es que no éramos tantos como otros años, aunque espero que eso mejore en futuras ocasiones y la marea naranja pueda hacerse notar allá donde vaya como ha pasado tantas veces.

Tras la foto de rigor, todos tomamos nuestras respectivas posiciones, tenemos claro nuestros objetivos… y el mío no era más ambicioso que acabar el 10K sin lesionarme, sin abandonar y, a ser posible, sin vomitar. Haciendo spoiler, os diré que cumplí con los tres objetivos, aunque el último fue de puro milagro.

El circuito de la carrera no es demasiado bonito, dos vueltas a un circuito urbano de 5K, demasiado toboganero como para hacer buena marca, sin demasiada gente en el recorrido salvo en el tramo de meta y con algún tramo por la zona más industrial de Ripollet… nada remarcable, aunque por 3€ a mi me parece una carrera bien montada y donde nunca he tenido ningún problema.

Poco antes de finalizar la primera vuelta pensé seriamente en coger el carril de la izquierda donde los participantes de la modalidad 5K acaban el sufrimiento, pero entonces escuché a Lau y Sergio que ya habían llegado y me dio vergüenza :). Así que decidí darme un respiro y parar en el avituallamiento para beber como si estuviera haciendo un trail de 30K y acabase de coronar la cuarta cima del recorrido… como pesa la falta de entrenamiento y los 12Kgs de más que llevo anclados en el abdomen! Después de mi minuto de gloria, botella de agua a la papelera y a retomar la carrera. La verdad es que el descansito me fue bien y la segunda parte de la prueba no fue tan agónica como esperaba.

Al llegar a meta, los ánimos finales de la comitiva Vigía me dieron mucha alegría! Cruzaba meta en algo más de 53′, muy posiblemente mi peor marca en un 10k, pero con la sensación de que por fin ha llegado el punto de inflexión que necesitaba… Toca volver al punto donde lo dejé y continuar el camino hasta donde quiero llegar.

Un abrazo Vigías!

Crónica Cursa Ripollet 2018 – por Alfonso Sánchez